¿Eres una luchadora nata? Está bien, pero elige tus batallas

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La vida es sin duda la Universidad más práctica que vas a encontrar y es la que te va a poner a prueba una y otra vez hasta el punto de no saber ya lo que debes hacer para "aprobar o suspender", tendrás dudas mil veces a lo largo del camino. 

Si eres una persona luchadora, ya sea porque el mundo te ha hecho así, porque quieres demostrar que puedes o porque tienes las ideas muy claras, te habrá pasado más de una vez que has acabado agotadísima en alguno de los asaltos.


Y es que a veces se te podrá escapar un detalle muy importante, que es el de pararte a pensar y analizar esa batalla que estás librando...

Los sentimientos más comunes entre mujeres luchadores vienen a ser algo así:

- De haber apostado por algo o alguien en su día y estar dejándote la vida incluso cuando todas las señales te están diciendo que lo mejor es que te rindas.
- De que no eres una persona que se rinda a la primera (ni a la segunda, tercera, cuarta...)
- De que si "abandonas" habrás fracasado.
- De que si no luchas hasta el final, eres una persona débil.
- De que se lo debes a alguien, o incluso a ti misma.

¿Te identificas con alguno de los sentimientos anteriores?. Pues enhorabuena, eres una luchadora de las buenas.

Pero como todo buen atributo, en muchas ocasiones actúa como arma de doble filo, y es cuando la cosa se puede poner fea.

Hay una línea muy fina entre luchadora, terca, persistente e imbécil. Perdóname la expresión. No me refiero a imbécil porque te falte inteligencia, si no porque puede que ya no tengas nada que ganar y te quedas ahí para recibir palos.

Hay personas que gracias a su lucha han llegado muy lejos, solamente hay que ver a los campeones paralímpicos ante los que me quito el sombrero (es solamente un ejemplo, para ilustrar lo que quiero decir).

Hay otras que teniendo todo el viento a su favor, se derrumban a la primera de cambio, eso va en la persona por un millón de circunstancias y no voy a entrar ahí.

Pero hay un par de cosas que son tan importantes como tu actitud de combate, y son la de elegir tus batallas y la de saber retirarte a tiempo si es necesario

Veo constantemente cómo la gente que más admiro por su capacidad de lucha, es la que acaba perdiendo la guerra consigo misma, o al menos, quedando con heridas de esas que tardan demasiado en curar, y es ahí donde una se tiene que preguntar si esa batalla la tenía que luchar o dejar ir.

A las empresarias, por ejemplo, nos pasa mucho. ¿Cuándo es el momento de tirar la toalla? Expresión que ya, de partida, suena a derrota aplastante.
  • ¿Cuándo es momento de decir esto no funciona? 
  • ¿Cuando es el momento de cambiar algo?
  • ¿Qué tengo que cambiar? 
Y en estos tiempos que corren además, con tanto mensaje de que si quieres, puedes, parece que si no consigues lo que en su día visualizaste, eres una fracasada...Y ahí te quedas, luchando, comiéndote ahorros y no llegando a ningún puerto, mientras te está costando la salud física, la salud mental y el dinero, claro.

Hace unos meses una compañera encantadora me contó su caso. Ella tenía su empresa. Tiraba, pero le costaba muchísimo tiempo y sus circunstancias además habían cambiado. No sabía qué hacer. Sus coach le decían que siguiera, que lo intentara de esta forma y de la otra, que no desesperara, que ella podía, y cuanto más se lo decían, peor se sentía, porque no llegaba. Al final contrató a una asesora profesional de empresas para que hiciera un análisis de su proyecto y le dijera un poco por dónde iban los tiros. Le dijo que según su experiencia estaba bien encaminada pero que le iba a costar sus buenos dos años el que aquello le diera ingresos estables. Es todo lo que necesitaba oír. No le compensaba, y cerró.

¿Fracasó?. No. Tomó la decisión más inteligente para ella en ese momento y en su situación personal. Eligió su batalla.

Lo que te parece la mejor decisión en un momento, puede cambiar en el siguiente, y no debes confundir tu capacidad de lucha con el terreno donde la empleas.

En el ejemplo que te he puesto, gracias a que se retiró a tiempo, ha ganado otra guerra mucho más grande (por aquello de seguir con la metáfora). Y es que no sabes lo que te depara la vida cuando sabes elegir. Otras siguen, seguimos, mientras nos compense. 


Y es que las guerras no se ganan por quedarte el último, se ganan cuando has conquistado aquello por lo que decidiste luchar. 


Otro ejemplo que lo ilustra muy bien es cuando te has casado con alguien y te has tatuado ese hasta que la muerte os separe. Y ahí te ves, tirando del carro, luchando cada día por algo que te tiene muerta por dentro. Pero tú no lo puedes dejar porque eres demasiado guerrera como para perder la cruzada más importante de tu vida. Cuando te casaste, quizá eras muy joven, o muy diferente a cómo eres ahora, o quizá él ha cambiado demasiado, o no ha cambiado nada. ¿Te vas a quedar ahí desgastándote día tras día?.  

Y yo, como siempre, te invito a que te plantees:

  • qué es eso por lo que estás luchando
  • si ha cambiado algo desde que empezaste que te haga replanteártelo
  • si lo quieres continuar
  • si compensa que lo continúes
  • qué te va a costar que sigas peleando


En definitiva, que hagas balance de las batallas que estás luchando, que elijas bien, que no tengas miedo a abandonarlas, que tengas clarísimo que te compensa, y que tengas clarísimos los motivos por los que así es. Que la inteligencia para hacerlo no está únicamente fuera, ni en las cuentas, ni en tu familia, ni en los demás, está dentro, en cómo te haga sentir estar ahí, al pie del cañón. Porque no hay una única realidad, ya sabes que todo depende todo de cómo la mires....

¿Te estoy invitando a rendirte entonces? NO, faltaría más, yo también soy muy peleona. Te estoy invitando a que das caña en aquello en lo que CREES y sobretodo, en lo que te hace SENTIR BIEN. El resto, como mínimo, cuestiónalo. 

Mientras lo piensas, yo me quedo un tiempo por aquí disparando mis ideas a discreción. ;)



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