¿Te crees lo que dices? Te cuento mi historia

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Te darás cuenta de que no. De que ya quisieras. De que a veces. O creerás que sí, que tú eres muy sincera y honesta y todo eso.

Pero ahora que nadie te mira:

...¿te crees cuando dices que no te importa lo que piensen los demás?
...¿te crees cuando dices que es lo que hay y no puedes hacer nada?
...¿te crees cuando escribes toda tu lista de propósitos, que vas a cumplirlos?
...¿te crees cuando dices que es la última vez?
...¿te crees cuando dices que te aceptas como eres?
...¿y que aceptas a los demás como son?

Te dejo unos segundos para que lo pienses. Luego sigue leyendo.

Seguramente pertenezcas al 99.9% de las que pensamos y decimos cosas que creemos creer, pero que muchas veces realmente, si somos muy sinceros con nosotros mismos, no es así.

La buena noticia es que NO PASA NADA. Y de hecho, hay otra noticia mejor y que te puede ayudar a sobrellevar esa frustración que sientes cada vez que te das cuenta de que dices y redices lo mismo una y otra vez y en el fondo es mentira.

A veces no funciona a la primera, a la segunda, ni a la tercera, pero de repente, así, sin avisar, te lo crees. Bingo! Sí, y lo sabes porque al creértelo de verdad de la buena es cuando eres realmente coherente, cuando alguien te da una opinión y tú la tienes en cuenta pero no te afecta demasiado, cuando si algo no te gusta, te pones en marcha para cambiarlo, cuando escribes un propósito porque sabes cómo conseguirlo y tienes la motivación necesaria, cuando no dices que te aceptas, sino que miras al espejo y te gusta lo que ves, o cuando alguien no es como tú pero no lo juzgas constantemente. Y este es un ejercicio que lleva tiempo.

Muchas veces dices las cosas porque:
  • 'estaría bien' - por ejemplo "Adelgazar/Dejar de fumar"
  • 'es lo lógico/toca - por ejemplo si dices "Siento mucho que te hayan despedido"
  • 'estás expresando simplemente un deseo' "Me voy a apuntar al gimnasio/Me merezco algo mejor"
  • ...o por muchos otros motivos
Yo fumé durante muchos años y lo dejé una vez. Creyendo que sería para siempre porque 'me lo había propuesto' (meeec! razón equivocada). A los 5 meses me fumaba ese cigarrito de fin de semana y lo tenía todo controlado. A las pocas semanas ya volvía a ser fumadora regular. No fue hasta que me lo creí, que la cosa cambió. Creí de verdad que no quería estar intoxicando mi cuerpo eternamente. Creí de verdad que estaba harta de los olores, de las virutas de tabaco por todas partes. Creí que era un coñazo salirse al frío y buscar dónde podía meterme ese cigarro entre pecho y espalda. Así que después de una fiesta de esta que te levantas con dolor de todo dije: HASTA AQUÍ. Y hasta hoy! :) 

Es lo que separa la fuerza de voluntad de la convicción. De repente, estaba convencida.

Me pasó lo mismo con una relación de pareja muy tóxica, con mi cuerpo y con otras tantas cosas. No fue hasta que lo había pensado y dicho muchísimas veces sin creérmelo, que sucedió 'el milagro', que no era otro que el de haber ido mandando esos deseos a mi cabecita hasta que lo pilló. La gota que colma el vaso no es otra que la que añade el último pensamiento que se transforma en la creencia que necesitas para pasar a la acción. :)

Por lo tanto sí, es cierto. No siempre crees lo que dices, pero también es cierto que puede ser un primer paso magnífico para que suceda en otro momento, seguramente, el adecuado. Eso sí, vas a necesitar un puñadito de reflexión y muchos kilos de ganas de la buena para conseguirlo.
Así que te dejo pensando qué es eso que ya estás harta de escucharte y que te has pillado en el engaño. Te dejo pensando en qué es aquello que dices disfrutar pero que en realidad no es así. Tú solamente hazte esta pregunta:

¿Qué tiendes a decir a los demás o a ti misma que en realidad no te crees ni tú?.

En la respuesta a esta pregunta empieza su solución.



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