¿Sufres demasiado por los demás? Aprende a dibujar una línea

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¿Te has dejado la piel o el corazón alguna vez por alguien que querías hasta tal punto de quedarte apenas sin energía para ti? ¿Has sufrido e intentado cambiar su situación a una que tú sabías que era mejor? ¿Te has frustrado cuando no puedes hacer nada? ¿Ha salido todo mal y encima les has perdido?. Welcome a este artículo.  


Es de lo más típico, común y normal, sobretodo dada nuestra naturaleza altruista (sí, aunque a veces parezca mentira), que vuelques todo espíritu en una persona que está pasando por un mal momento, año, o si me apuras, vida, y quieras ayudarlo a toda costa. Repito, a toda costa

Esa toda costa pasa por ti, y por ahí, no debe pasar. ¿Qué quiero decir con esto? que es fantástico y maravilloso querer ayudar a los que te rodean, por supuestísimo a la gente que quieres, y sobretodo, si te necesitan, pero debes ser capaz de dibujar una línea CLARÍSIMA entre dónde acaba su vida y empieza la tuya, dónde acaba su sufrimiento y empieza el tuyo, o pagarás las consecuencias en forma de un "bonito" desgaste emocional que ni te va a permitir ayudar, ni mucho menos te va a ayudar a ti. 

Hay dos errores de base que se suelen cometer en estas situaciones: 

1. Obviar, olvidar o ignorar que cada uno es fruto de sus circunstancias, pero muchas veces, de sus decisiones. 

  • Voy a poner un ejemplo muy extremo pero para que me entiendas...de repente una de tus mejores amigas se mete en una secta. Tú la ves a ella convencidísima y feliz pero tú sabes que es una secta y que no puede salir nada bueno de ahí. Tú empiezas a buscar la forma de ayudarla, primero intentando hablar con ella, luego acudiendo quizá a su familia, hasta el punto de pagarle a un psicólogo porque piensas que su vulnerabilidad es lo que la ha hecho caer en eso. Ella no quiere saber nada, y acabais separadas y las dos hechas una mierda. Ella por dónde se ha metido que se convierte en una espiral sin salida y tú por haber querido evitarlo. 

Aquí, te guste o no, al final ella ha tomado una decisión. Tú has hecho hasta donde has podido y el resto, por desgracia, es su vida y su responsabilidad, y aunque te cueste mucho asumirlo, es así. 

2. Querer ayudar cuando nadie te lo ha pedido. Qué duro, pero qué cierto. 


  • ¿Cuántas veces has intentado resolver un problema o situación cuando nadie te lo ha pedido?. A veces sale bien. A veces puede que lo hayas interpretado como que la otra persona no se atrevería nunca a pedírtelo y lo haces y funciona y entonces se produce una escena de palmas y llantos de alegría. Genial. Pero a veces puede que te estés metiendo donde no te llaman o simplemente, la otra persona no esté preparada para escuchar lo que tú dices, y entonces la escena acaba con lágrimas, pero de las feas. 

¿Significa esto que debes hacer un "que os den por saco" masivo y que va a ayudar Rita a nadie nunca más?. NO, NO y mil veces NO

Significa que sigas haciendo lo que el corazón te dicte, pero que dibujes las líneas de las que te hablo. Pregúntate a ti misma qué quieres hacer para ayudar de la mejor forma posible a aquellos que crees que te necesitan, pero acto seguido recuérdate que una vez hayas prestado esa ayuda, quedas LIBRE de toda culpa y responsabilidad sobre la vida del otro. Sea quién sea.

Cuesta, lo sé. 

Cuesta desvincularte emocionalmente de aquellas personas que lo están pasando mal cerca y cuesta más sentir que fracasas solucionándoles la vida. Pero la tuya ya pesa suficiente como para meter más lastre. 

Mi consejo es que actúes de buena fé, insisto, de corazón, con riesgo a equivocarte pero sin riesgo de llegar a olvidarte a ti

Imagina que los médicos se llevasen a casa el sufrimiento de cada paciente. No dudo que a muchos les pasará, pero si fuera así para todos, si no dibujasen una línea donde acaba una cosa y empieza otra, no solamente no vivirían, si no que tampoco podrían desempeñar bien su trabajo, y eso sería mucho peor. 

Conclusión: ayuda, claro que sí, haz lo que creas que tengas que hacer pero cuando pongas un pie fuera de donde vayas a ayudar, cuando acabes la conversación que querías tener para solucionar algo, cuando envíes ese e-mail cargado de sentimientos, en ese preciso momento, redirige el foco de tu vida a ti. Como si fuese un faro en el océano que no debe centrarse en un solo punto. En ese mismo momento piensa en una canción , en qué vas a hacer para ti después, distráete, date un paseo no de pensar, si no de desconectar y reconectar contigo misma. Haz lo que creas que te funcionará mejor, pero no te quedes rumiando sobre aquello que te hace sufrir y que tiene el origen en otros...

Que las vidas de los demás no absorban la tuya. Es una orden. ;)






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4 comentarios:

  1. Como si lo hubiera pedido. Gracias por este baño de Realidad. Tu intuicion te lleva a lugares increibles, Silvia, no pares!

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    1. Muchas gracias Gala! Creo que todos nos podemos sentir en algún momento identificados con ello y es importante reflexionar y empezar a ser conscientes para vivir mejor nuestra propia vida :). Un beso grande. Silvia

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  2. Parafraseándote, recibo tu artículo de hoy como "Carta A Una Hija-doliente", porque toca la mente y el corazón en mi "Yo-Hija" que lleva ocho años doliendo. Hace pocos días me pregunté: ¿Por qué lo permito? y me contesté: ¡Basta, ya! Y curiosamente anteayer mi madre dijo: "... PORQUE yo le QUIERO ...", y ví claro que su decisión era firme y antigua.
    No nos han enseñado a amar, tenemos que ir aprendiendo. Yo tengo la suerte de hacerlo a través de mi "Yo-Madre" enfocado a mi hija, el mayor regalo que la vida me ha ofrecido. Hoy enlazo mi orden ¡Basta, ya! con la tuya, tan lúcida y amorosa.
    Gracias, Silvia.
    Un fuerte abrazo.
    Martha

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    1. Hola Martha, habrán sido ocho años de sutil aprendizaje para llegar al punto en el que estás ahora, y seguramente el momento en el que has decidido decir ¡Basta, ya!, como mencionas, es precisamente el momento en el que estás realmente preparada para ello. :)
      No nos han enseñado a casi nada, es el sabor agridulce del aprendizaje, hay amores que sorprenden y endulzan, y otros que se sufren y amargan un poco. Ya sabes, no podemos cambiar a nadie, solamente podemos cambiar nuestra forma de relacionarnos con aquello que nos causa el sufrimiento.
      Estoy segura de que está llegando tu momento y me alegro infinito.
      ¡¡Te mando un besazo!!
      Silvia

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