3 claves fundamentales para aprender el lenguaje emocional



¿Has intentado alguna vez aprender otro idioma? Si para hacerlo cogieras un diccionario, te lo leyeras de la A a la Z, luego te cogieras un libro de gramática y te lo leyeras también en una semana. ¿Serías ya bilingüe?

La respuesta es obvia. Comprendiendo esto y aplicándolo a otros campos te puedes también permitir ser un poco menos exigente con tu jornada de aprendizaje del idioma más universal del mundo, el de las emociones.

Está claro que si no estudias vocabulario, o gramática, o ambas, o haces una inmersión en el lenguaje ya sea haciendo intercambios, viendo pelis o series subtituladas, o viajando, no vas a aprender por arte de magia. Lo mismo sucede con la maternidad, y lo mismo ocurre con aquellos hábitos de desarrollo personal que quieras incorporar a tu vida.

Te puedes leer la fantástica guía de la madre perfecta, cómo dormir a tu hijo, cómo entender sus rabietas y un interminable etc que primero, tendrás que aplicar lo que aprendes y segundo, dependerá de cómo sea tu hijo y cómo seas tú para que la ecuación funcione.

Pero no te tortures. De la misma forma que tal y como digo al principio no esperarías ser bilingüe por el mero hecho de leerte un diccionario o libro de gramática, tampoco vas a aprenderlo todo de todo por leerte unos cuantos libros o blogs.

La buenísima noticia es que al igual que ocurre en el símil del idioma, si por ejemplo empiezas aprendiendo a saludar, algo de vocabulario, si prestas atención a tu alrededor, de repente un día entiendes lo que te dicen y tú puedes comunicar lo que sabes, y poquito a poco, vas avanzando y todo va cobrando más sentido.

Lo mismo sucede con todo aquello que aprendes como mujer, como madre, como persona. Lo mismo sucede aprendiendo el lenguaje universal de las emociones.

Sería la leche (con perdón) si interiorizaras cada cosa que lees y te gusta, cada vídeo que ves y te conmueve, cada lección que pareces recibir pero que no siempre acabas aprendiendo, pero la realidad es que es un proceso y debes tomarlo y vivirlo como tal, por no hablar de lo duro que es un comienzo para casi cualquier cosa.

Entonces la primera pregunta es:

¿Qué idioma quieres hablar? Porque para chasco quieres aprender ruso y te compras un diccionario de inglés…

  • Ejemplo comparativo: Si yo quiero aprender sobre regulación emocional, no busco esa información en un libro de matematicas...

¿Por dónde te interesa empezar? Pues por saludar, pedir las cosas por favor, dar las gracias, los números. Lo típico vamos.

  • Ejemplo comparativo: Si yo ahora mismo quiero trabajar un poco el exceso de control que tengo sobre las cosas, me centro en esa parte, estoy muy receptiva a la información relacionada con ello y voy aplicando lo que aprendo poco a poco. 

Y así suma y sigue. 

Las principales conclusiones que quiero que saques con esto son estas:

  • No te martirices por no convertirte en un oráculo de la maternidad por el mero hecho de ser madre, o si no absorbes toda la información que recibes (o que yo te cuento cada semana, jeje) aunque te encantaría. Es imposible.
  • No tires la toalla. Verás que de la misma forma que un día te sorprendes a ti misma riéndote de una broma en otro idioma y nunca hubieras imaginado llegar a ese nivel, otro día te sorprenderás dándote cuenta de aquello que inconscientemente se te quedó grabado de aquellas líneas que leíste, ese audio que escuchaste o ese vídeo que viste. 
  • CONFÍA. Si te repites cada momento que no eres buena para los idiomas y que nunca vas a conseguirlo, ¿qué resultado obtendrás? Tienes que confiar en que con cada cosa que aprendes estas poniendo un granito de arena que algún día se convertirá en montaña.


Aprender el lenguaje emocional sigue unas pautas muy similares a cualquier otro, pero a veces queremos saltarnos todo el proceso y llegar directamente al resultado, con lo subjetivo que es eso además…Lo importante es tener confianza de que se va por buen camino. :). Entiende qué son, cómo te afectan, cómo afectan a tus hijos, identifícalas, acéptalas...todo poco a poco. 

Relájate, disfruta del trayecto, ve sin prisa pero sin pausa, sigue manteniendo el interés por aquello que te guste y te ayude a ser mejor mujer y madre y no intentes repetir el patrón de estudiar-vomitar que tanto nos inculcaron en el pasado. No se trata de aprobar un examen. Se trata de vivir tu vida y contagiar a tus hijos esta misma filosofía.


Mientras tanto yo me recordaré esto cada vez que no me entiendan con mi acento español o cuando me acabe un libro en el que lo memorizaría todo. :)






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1 comentario:

  1. Gracias Silvia de nuevo, menos mal que sólo escribes un día a la semana, no hay tiempo para asimilar todo lo que nos trasmites estoy encantada con tus enseñanzas y deseando tener más tiempo para dedicarme a mi. Creo que en breve me pongo a buscarlo. Gracias de nuevo.

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