¿Sabes cuál es el momento de pedir ayuda? Claves para identificarlo


Pedir ayuda cuesta. Pedir ayuda es una decisión difícil. Pedir ayuda es sinónimo de debilidad. ¿Cuál de estas afirmaciones es verdadera para ti?. ¿Cuándo es hora de pedir ayuda?

Lo que está muy claro es que cuando toca hacerlo de forma voluntaria y no por imposición…vaya que si cuesta. ¿Cuál es el momento? ¿Cómo sabes tú que ha llegado para ti?.

Te voy a poner varios ejemplos y quiero que pienses en cuáles no tendrías ninguna duda de que necesitas/quieres ayuda y sabrías exactamente a quién recurrir y en cuáles no lo tendrías claro. Básicamente: qué harías en cada una de las siguientes situaciones.

  • Te quedas sin pañales y no puedes salir de casa
  • Te duele una muela
  • Te sientes abrumada
  • Tienes que hacer todo el papeleo cuando nace tu hijo y no sabes
  • Crees que te estás volviendo loca y que no puedes más
  • Tu hijo no para de llorar y no sabes por qué
  • Quieres aprender a coser
  • No consigues que tu hijo se enganche al pecho


Depende de varios factores (conocimiento, personalidad, intensidad del problema etc) el que pidieras ayuda o no en los ejemplos anteriores, pero lo que es interesante que te plantees aquí es en qué momento o formato la pedirías en cada caso. Si completas lo anterior te podría quedar algo como esto:

  • Te quedas sin pañales y no puedes salir de casa – Le pides el favor a un amigo/familiar/vecino
  • Te duele una muela – Pides cita en el dentista
  • Te sientes abrumada – “Ya se te pasará”
  • Tienes que hacer todo el papeleo cuando nace tu hijo y no sabes – Miras en Internet cómo hacerlo
  • Crees que te estás volviendo loca con la maternidad y que no puedes más – “Ya se te pasará”
  • Tu hijo no para de llorar y no sabes por qué - Le llevas al pediatra
  • Quieres aprender a coser – Te apuntas a un curso
  • No consigues que tu hijo se enganche al pecho – Le das el biberón pero lloras hasta la saciedad por haber “fracasado”.


Esto es un grito para que te observes y no te dejes en último lugar e ignorada, para que no te lo guardes para ti. Damos por hecho que ciertas cosas se pasarán sin hacer nada...pero ¿contemplarías el que dejar pasar el tiempo curase una brecha de 10cm (o a tu hijo)? Oye, que igual sí y olé tus narices, pero si vas, te desinfectan, te cosen, te ponen cicatrizante y te indican cómo curarte y en un par de semanas presumes de cicatriz, ¿para qué arriesgarte a una infección mayor? ¿Por qué cuesta tanto hacer lo mismo con cómo nos sentimos?.

Si un día te duele la tripa: dieta blanda, te acuestas, y listo. Si a los cuatro días sigues igual o peor…¿qué harías?. Pues cuidado, que es lo mismo, pero seguramente ni siquiera has identificado que si estás hecha una mierda durante X tiempo (el que consideres que pasa de lo "normal"), un poquito de ayuda no te vendrá mal. Y a lo mejor te da por comer y luego pagar a un endocrino para arreglarlo , que es lo más común, pero no estás atacando la raíz del problema si no su manifestación o consecuencia.

Para que sepas en qué momento debes sustituir el “ya se me pasará” por otra cosa, te sugiero que hagas lo siguiente:

 1. Sé extremadamente honesta contigo misma. Si no haces esto, todo lo demás será inútil y le intentarás poner solución al problema equivocado. Por ejemplo, ¿el problema real es que tienes demasiadas cosas que hacer o que te bloqueas tanto que no consigues avanzar?. Valóralo. 

 2. Encuentra tu límite. No me canso de repetirlo. Cuánto tiempo o malestar vas a aguantar antes de ponerle remedio.

 3. Busca solución. La que mejor se adapte a ti. Sin presiones, sin miramientos. Si has sido honesta contigo misma tendrás este trabajo muy fácil, créeme.

 4. Comprométete. Igual que el apuntarte al gimnasio no es lo que va a hacer que bajes de peso, el recibir ayuda no va a hacer el trabajo por ti. Tu compromiso y esfuerzo sí lo harán.

Prometo que me encantaría haberme tomado a mí misma más en serio en un momento anterior de mi vida y no haber tardado lo que tardé en pedir ayuda, pero nunca es tarde. Sé lo difícil que es identificar y reconocer que tú sola no puedes, sea para lo que sea, pero también sé lo importante que es.

Con este artículo simplemente quiero que te pongas en primer lugar, que te escuches, que no te dejes atrás en ningún sentido y que confíes en que puedes ponerle solución (si realmente quieres) a lo que te pasa, simplemente sabiendo cuándo y cómo hacerlo. Cuando tu malestar se prolongue en el tiempo, repasa esas cuatro claves y ponte en marcha. Sobretodo cuando nacen tus hijos, es muy fácil olvidarte de ti incluso más, pero es fundamental para tu bienestar y el de tu familia, que te hagas el caso que mereces. 

Cuando se trata de otros lo ves todo claro cristalino. Dar y recibir ayuda es algo que haces de forma natural, pero pedirla tú, en según qué aspectos, ese es otro tema. Yo quiero que lo normalices y que no te sientas nunca cobarde por hacerlo. Pedir ayuda es de valientes. :) 





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