Compromiso indispensable de toda madre y mujer



La semana pasada te hablaba del primer compromiso formal que adquirí en mi vida. Esta semana te quiero contar cuál ha sido el segundo, ese que tú y yo tenemos en común. 

Lo adquirí con la personita que llevo dentro, igual que tú llevas o llevaste un día. Cada una decide ser madre por un motivo diferente. En mi caso fue fruto de mucha reflexión, ya te comenté que me producía una sensación de escalofrío el pensar en cualquier cosa que alterara esa libertad que tantísimos años me había costado conseguir.


Cuando orienté mi carrera profesional a ayudar a otras mujeres, cuando observé que el amor a una misma solamente puede ser superado por ese otro amor, y sobretodo, cuando creí en mí, entonces no tuve dudas (bueno, mis sobrinos también tienen algo de mérito, jeje).

Lo más normal es que el ser madre te compense con creces. Lo más normal es que cuando mires la carita de alguien que tú has traído al mundo, se te derrita todo, pero lo más normal también es que haya otros muchos momentos en los que simplemente no puedas más.

Debes centrarte en ti para poder dar lo mejor de ti. Tienes que comprometerte contigo misma primero si vas a comprometerte con otra persona.

Enlazando una cosa con la otra lo que quiero que interiorices es que adquiriendo el primer compromiso, el segundo es muuuucho más fácil, y te explico los motivos:

  • Porque confías en ti: ya sabrás que la vida está llena de sorpresas, de cambios, que hay cosas que puedes controlar y otras que no. Te preocuparás de las primeras y reaccionarás ante las segundas, con confianza. 
  • Porque aumenta tu empatía: el haberte puesto en tu propio pellejo (de ese que tantas veces habías huído), haberte comprendido y aceptado, te da la capacidad para ponerte en el lugar de otros, y tus hijos no serán una excepción.
  • Porque aprendes que el amor es el verdadero motor: porque tú has vivido hasta ahora a base de interminables reglas y de que se te dijese todo lo que tenías que hacer y cómo vivir la vida, pero cuando te has sentido querida y protegida, nada de eso ha importado. Entendiendo este punto, tu labor de madre se facilita mucho más. No hablo de no poner límites, si no todo lo contrario, pero eres capaz de reflexionar mucho mejor sobre de qué forma te hubiera a ti gustado aprender y ponerlo en práctica, de respetar como a ti te hubiera gustado ser respetada y de qué precio estás pagando por ese tiempo que no pasaron contigo cuando era lo único que necesitabas y querías. 
  • Porque eres fiel a ti misma: esto significa que si bien tus prioridades se reajustan, tú eres perfectamente consciente de que tienes que pensar en ti también. No de forma egoísta si no todo lo contrario, de forma que estando tú bien, tus hijos estén mejor. 
  • Porque abandonas el papel de víctima: cuando evolucionas pensando “pobrecita de mí”, tiendes a tirar balones fuera constantemente. Vale, habrás podido tener malos momentos en la vida, es parte del juego. Pero si siempre es culpa del tiempo, del vecino o de tu padre, ¿qué mensaje vas a trasmitir? Que da igual lo que hagas en la vida, no tienes control sobre ella. Nada más lejos de la realidad. 
  • Porque eres su espejo: ellos te van a imitar. Es tan simple como eso. Muchas veces no te das cuenta porque son tan pequeños que parece que no se enteran de nada, pero todo lo contrario. Cuanto más te quieras y aceptes tú, y actúes como tal, mejor entenderán ellos el concepto de tener buena autoestima. No les puedes decir que tienen que quererse tal y como son y luego que te vean a ti no perdonarte ni una.

En fin, el mensaje es: tú eres su principio, tú eres su origen, tú eres su ídolo y tú eres su fuente de amor. Está más que demostrado, estudiado y comprobado. Y oye, que no quiero hacerte responsable de la vida de nadie más que de la tuya propia si no todo lo contrario. Solamente quiero que reflexiones sobre tu papel en este tándem y la importancia de que te conozcas, te cuides y te mimes, como siempre, de la forma que tú consideres mejor para ti.

Como habrás podido comprobar, la semana pasada fue un prólogo sobre mí para hoy presentarte el papel que juegas tú en el segundo compromiso, el cual por cierto, ¡compartimos las dos!. 

Espero que te haya gustado y servido para coger fuerzas. Recuerda que las palabras son como las promesas y se las lleva el viento, y éstas no van a ser menos, lo importante es el impacto que creen en ti y lo que decidas hacer con ellas.

Si me oyera alguien me diría que soy un pastel, y no le voy a quitar la razón. Tengo mis momentos y hoy es uno de ellos. :)

¿Preparada para comprometerte contigo misma y con tus hijos? ¿Qué se te hace más difícil? Te espero en los comentarios





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