Por qué el tiempo no te cunde y cómo solucionarlo






¿Qué ocurre con el tiempo que se detiene durante el embarazo y vuela cuando has dado a luz? El tiempo forma parte de tu vida, de la de todos. Especialmente cuando empieza una etapa tan estresante y nueva, en la que parece que se convierte en tu peor enemigo. Yo te quiero ayudar a convertirlo en tu aliado.

El tiempo es ese que a veces querrías detener, y otras, hacer que pasase muy rápido. Aparentemente infinito para el Universo y finito para ti, para nosotros. El que dicen que cura las heridas y que no pasa en balde.

El mismo que te permite acumular experiencias, y te arranca aquello que más quieres sin avisar. El que hemos medido en segundos, minutos, horas, días, meses, años etc. y que parece que nos mide en base a aquello que somos capaces de hacer en cada una de esas fracciones. Ese que pierdes y que un día te encuentra.

Es el gran protagonista de muchas competiciones y un actor secundario cuando decidimos pararnos a contemplar el mundo e ignorarlo.

¿Por qué te has enemistado con él? Porque te has pasado tu vida de "no madre" aprendiendo a aprovecharlo, a planificarlo, a calcularlo, a retarlo, a dejarle casi sin margen a la espontaneidad y de repente, después de que te haya concedido nueve largos meses de espera, de repente, cambia de cara y es él el que te desafía constantemente.

Ahora al te toca desaprender y aliarte con él de otra manera. Ahora tus cálculos no le valen. Hay alguien que marca el ritmo por ti, decide por ti, y te descoloca todas las piezas que habías encajado hasta el momento, y mientras te debates entre el placer de ser madre y su lado más oscuro, él no perdona…

Le has entregado el poder. Te has rendido ante él. Querrías comprarlo, pero es de lo poco que aun no se vende. De repente 24 horas han dejado de ser suficientes y el tiempo dedicado a ti no cabe en la ecuación.

Me he tirado varios meses observando y observándome (por aquello de predicar con el ejemplo) para ver en qué fallaba la relación con él, y aquí te resumo las conclusiones:


  •     Has dejado de ser la que dominas (=controlas): corres de un lado a otro, haces miles de cosas y sientes constantemente que no llegas, mientras alguien que no eres tú y que no te explica por qué, te va marcando el ritmo. Tu cabeza se debate entre tus nuevas obligaciones y las de siempre, que no desaparecen.
  •     No has asumido el cambio. Si te rompieses una pierna, seguramente fueras menos exigente con el tiempo que tardas en hacer cada cosa, que obviamente será mayor debido a un cambio en tus circunstancias. Parece que con la maternidad cuesta aceptar que ya no lo puedes hacer todo y mucho menos usando el mismo tiempo.
  •     Lo malgastas. Sí, como lo lees. Inviertes más tiempo en pensarlo que en usarlo. Pensar en todo lo que te queda por hacer te chupa más energía de la que te llevaría ir haciendo poco a poco y en la medida de lo posible. Es como cuando no quieres planchar porque es la tarea doméstica más odiosa (ups, se me ve el plumero) y cuando “te vas a poner”, casualmente encuentras mil y una mejores cosas en las que distraerte. Pero sigues pensando que no tienes tiempo aunque estés al día de cada movimiento de tus amigos de Facebook.

Debes aprender a darle un poco la vuelta a la tortilla. Te invito a que hagas un ejercicio muy sencillo, de forma mental o con un papel, lo que prefieras. Contéstame.

¿Qué te hace tener la sensación de que te falta tiempo?. Quizá encuentres alguna razón común a las anteriores, o quizá alguna nueva.

¿Qué quisieras hacer que sientes que no puedes? Muchas veces el principal problema es que te centras tanto en esa angustia, que si se detuviera el mundo para dejarte que hicieras lo que te de la gana, te quedarías con cara de seta sin siquiera saber qué es aquello que te está haciendo sentir insatisfecha.

¿Podrías en la medida de lo posible hacerle hueco? Te darás cuenta de que si realmente es importante para ti, seguramente puedas incorporarlo (psss, hazme el favor y sé realista ¿eh? no se trata de viajar a Australia cada mes si no de rascar minutos en tu beneficio y el de tu familia) :-) . No te rindas ni te hundas en excusas.


En resumen: haz las paces con él, haz que cuente, no lo gastes, inviértelo; no lo odies, ámalo, recuerda que él te hace más falta a ti que tú a él; recuerda que no acepta devoluciones y que a pesar de ser gratis, pagas un precio muy alto por cada segundo que no emplees como te gustaría; él te da la oportunidad de aprovecharlo, tú eres responsable de hacerlo. No hagas de su disfrute una utopía, aprende qué realidad te gustaría que acompañase cada una de sus fracciones y por último ten bien presente que si hablamos de pasar tiempo con los tuyos, la calidad es mucho más importante que la cantidad.

Y ahora cuéntame tú, ¿para qué te falta tiempo?. :-)  





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2 comentarios:

  1. A pesar de no ser mujer, ni madre, ni de estar embarazado, el tiempo es algo que parece que nos escasea...parece que hagamos lo que hagamos no nos cunden las cosas. He tenido la inmensa suerte en mi vida de vivirla junto a alguien que cuenta con unas capacidades fuera de lo común, tengo la sensación en ocasiones de que me falta esa chispa de concentración necesaria para.seguir.mis propositos y luego me enfado por no haber aprovechado lo que podría... En definitiva, y para ser positivo con lo aprendido hoy: voluntad para mejorar, adaptabilidad para no frustrarme y comunicarme para no guardar lo malo dentro y luego pagarlo con la familia. Muy interesante el tema de hoy, Silvia.

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    1. Muchas gracias :). Es un tema que preocupa especialmente a las madres por motivos obvios, pero está claro que aplica a cualquier ser humano que se sienta de esa forma...muchas veces hay dos problemas fundamentales detrás: una es que no nos han enseñado a ser demasiado resolutivos y otra es que nos han enseñado a ser muy exigentes. Ambas entran en conflicto y para colmo se transforman en culpa. Como bien dices, con buena compañía y aprendiendo más cómo ir moldeando la forma de relacionarnos, se consigue. Mil gracias de nuevo por tu apoyo y un besazo enorme.

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