No puedo con todo




Aquí estás tú, mujer trabajadora del SXXI con un millón y medio de responsabilidades, unas domésticas que recaen por excelencia en el sexo femenino y otras que, por el hecho de ser madre (y no padre) también te tocan a ti. Pero como tú puedes con eso y mucho más: trabajas, limpias, preparas comidas, cenas, tuppers, haces la compra, juegas con tus hijos, les llevas al cole, les recoges, te peleas con las compañías eléctricas cuando toca y además debes tener energía suficiente para cumplir con tus “obligaciones maritales” porque si no…oh pobre de ti!.

Todo esto tan normalizado he visto que por experiencia está en la lista top 3 de motivos por los cuales, en argot coloquial, nos volvemos medio locas después de la maternidad, y dicho de otra forma, nos lleva al colapso emocional.

Bienaventuradas aquellas que lo hacen al más puro estilo Mery Poppins cantando con un poco de azúcar y una sonrisa de oreja a oreja, porque para ellas será un camino más fácil, pero para el resto de las mortales como tú, mientras que haces la cama por la mañana estás pensando en las quinientas cosas restantes que te quedan, y eso, te provoca un agobio que te acompaña el resto del día, hasta el siguiente, y siguiente, y siguiente…

Yo, y muchas mujeres más, lo llamamos el complejo de Superwoman.

Y es que no todas tenemos ayuda, nos la podemos permitir, o tenemos horarios compatibles con la pareja que lo haga más fácil. No todas podemos reducirnos la jornada o llamar a la abuela que llega antes de que cuelgues.

Entonces, ¿qué puedes hacer si estás en esa situación?

1. Admite que no puedes con todo: cuando te saltas este paso, acabas llorando, desesperada, frustrada, triste, mendigando compasión y comprensión pero ni siquiera pudiendo explicar de dónde viene tu estado. Y aunque no te lo creas, si no lo admites, la nube negra te perseguirá hasta el infinito y más allá y serás aún más improductiva.

  • Ejemplo: si un día te encuentras especialmente nerviosa o agitada, acabas discutiendo con tu pareja porque no puedes más, primero, no te culpes, revisa bien los motivos reales que te han llevado a ese estado. Digo reales porque muchas veces queremos ser tan perfectas que no admitimos que no podemos con todo. Habla desde el cómo te sientes, si no, la discusión se desviará a otro tema que no es realmente el origen. 

2. Analiza tu situación: una vez que admites que jugar a los superhéroes te está costando tu salud mental, es imprescindible que te pares a pensar qué es aquello que te cuesta más, qué llevas peor, y qué posibilidades tienes para solucionarlo. Sé que suena muy fácil y luego es difícil, pero creéme que muchas veces aparecen opciones que no habías barajado por el mero hecho de no haber planteado siquiera que tenías un problema.

  • Ejemplo: depende de la persona, se lleva peor una cosa o la otra. A ti puede que lo que te esté disgustando más es que no tengas suficiente tiempo para limpiar y eso te perturbe. Plantéate por ejemplo: limpieza u orden ¿qué te molesta más? y céntrate en eso con el tiempo que tengas. Una tarde ordenando la casa te puede provocar un efecto más positivo mentalmente que dedicarla a una habitación en exclusiva, aunque la dejaras como los chorros del oro.

3. Cambia algo: si nada haces, nada cambia, eso es muy lógico, pero es que cuesta mucho aplicarse el cuento.

  • Ejemplo: Si ya has decidido empezar por el orden, ponlo en práctica y concéntrate 100% en ordenar durante el tiempo que te has propuesto. O quizá pensabas que no te podías permitir una asistenta pero si haces un par de números y reduces en comidas fuera, puedes invertir en ello y merece la pena. (Yo lo hice y doy fé de que para mí fue ver el cielo abierto, sin embargo conozco gente que no le hace ninguna gracia eso de que entren en su casa. Nadie mejor que tú para sopesar pros y contras).

4. Celebra tus resultados: no vale el tomar acción en algo y seguir concentrada en lo que te falta, si no en la vida sentirás que avanzas. Esto ya te lo he repetido en ocasiones anteriores pero merece la pena insistir. :) Anímate, reconoce que estás dando pasitos y coge con ilusión el siguiente.


  • Ejemplo: si consigues tener toda la casa ordenada, más vale que te acuestes dando palmas y al ritmo de olé yo, nada de bueno ya he hecho esto pero me queda tooooooodo lo otro por hacer. Negativo. Poco a poco que si no, “no vale pa na”.

Detrás de todo eso no hay más que una persecución infinita de perfección que nos pasa factura conforme nuestras responsabilidades van cambiando y/o aumentando. No es consciente, seguramente seas hasta incapaz de reconocerla, pero en el fondo, si no fuera por esa persecución, no te sentirías tan exhausta y frustrada. El cansancio mental es muchas veces más agotador que el cansancio físico. ¿Verdad que no es lo mismo en tiempo y energía hacer un examen/actividad/trabajo y repasarlo mil veces hasta que consideras que está perfecto,  que hacerlo, repasarlo una vez (o dos) y entregarlo sin darle más vueltas y luego a otra cosa mariposa?.  Pues eso. :)


Recuerda, no se trata de volverte un desastre, si no de medir tus fuerzas, que no siempre están al mismo nivel. Y es que si no rumiáramos tanto nuestras obligaciones, quizá tendríamos más espacio mental para los buenos momentos.

Y tú, ¿tienes complejo de superwoman? Yo reconozco que un poquito sí...



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