Cómo acercarte a la libertad personal



¿Cuántas veces has hecho/dicho/actuado acorde con lo que se esperaba de ti en lugar de lo que tú sentías? Y ojo, no estoy hablando de que un jefe te pida que envíes un e-mail y tú digas: mi auténtica yo no quiere así que…¡que te den morcillas! En este caso hay que diferenciar responsabilidad laboral de tu vida personal y entran en juego otros muchos factores. 

Pero por ejemplo, si estás en una reunión de amigos y se acerca la hora de la cena, alguien propone ir a un restaurante y como suele pasar, empiezan las votaciones o preferencias. Llega tu turno y respondes con un clásico: me da igual, aunque tu cuerpo serrano te esté pidiendo una pizza, una ensalada, o comida mejicana a gritos. Por un voto (que además podía ser el tuyo) acabáis cenando en el chino de menú a 9€, y tú, te resignas de ¿buena gana?.


Lo de siempre, si de verdad te da igual chicha que limoná en un momento determinado, estupendo, pero si esta historia se repite, se traslada a más ámbitos de tu vida, y tú sigues sin expresar TU voluntad, o actuar conforme a ella, puedes estar segura de que vas a pagar un precio muy alto, y es el de un creciente malestar o lo que es peor, el de olvidarte de quién eres y renunciar a lo que te hace feliz. ¿Por un voto en blanco en una comida me va a pasar eso? Por supuesto que NO. Te va a pasar cuando:

  • Dices que sí cuando quieres decir no o haces una cosa cuando claramente querrías hacer otra
                Ejemplo: tu suegra te dice que forres al niño porque hace frío pero tú consideras que ya está bien abrigadito, pero cedes ante su insistencia y le acabas poniendo más capas que una cebolla, pero lo estás pasando fatal.
  • Asumes que es lo que hay
                Ejemplo: en tu casa las tareas están desproporcionadas y tú te ocupas de niños, limpieza, comidas y plancha. Tú en el fondo no llevas nada bien eso pero te consuelas con asumir que es así. Si realmente te pesa, debes ponerle remedio, intentar llegar a algún acuerdo más justo, expresarte hasta la saciedad y no dejarlo pasar. Si, al contrario, te encanta jugar a las casitas y son todas las tareas que disfrutas, pues no aplica, porque así eres tú y es parte de tu felicidad.
  • Te avergüenzas de algo te gusta
                Ejemplo: en este caso tengo un ejemplo de primera mano, que es el mío propio: durante años me daba vergüenza admitir que me gustaba un grupo musical, pero ahora lo grito a los cuatro vientos si hace falta. No pasa nada, si alguien no respeta eso, el problema está en el otro, no en mis gustos musicales. :-)  (diferente es que alguien manifieste que lo deteste, en cuyo caso soy yo la que respeto su opinión, me río porque puedo entenderlo y punto pelota, jaja).

U otras situaciones como cuando te muestras encantada de la vida ante una situación que realmente te hace sentir tensa o incómoda, cuando quieres agradar a todos y lo haces pero a costa de sentirte tú mal, si vas “de dura” para protegerte de que no te hagan daño pero en realidad te sientes vulnerable…

¡Fíjate si hay señales que te avisan!

Esto además se puede convertir en una bomba de relojería, porque el día menos pensado explotas y no solamente dejas atónitos a los que te rodean, si no que luego te pegas mil cabezazos contra la pared porque tu reacción ha sido desproporcionada. La gota que colmó el vaso, ¿no?. Pues venga, evita que el vaso se llene.

En este caso la solución pasa primero por preguntarte siempre, repito, siempre, qué te apetece o quieres hacer ante cada situación. Cuando te has acostumbrado a ser servicial, a vivir para agradar a los demás, es facilísimo olvidarte hasta de lo que te gusta y quieres, pero es un placer inmenso el ir descubriéndote de nuevo o ir practicando para poco a poco atreverte a ser tú misma. Es un camino necesario hacia la libertad y como todo camino tiene sus pedruscos pero la meta merece tanto la pena, que es casi obligatorio el pararse las veces que haga falta, reconocer tus emociones, pero no detenerse definitivamente NUNCA.

Habrá veces que puedas hacerlo sin mayores consecuencias, y otras en las que te expondrás a situaciones más feas, porque tienes acostumbrado a tu familia, amigos, vecinos etc a una cosa, y de repente, cambias (ojo, solamente a sus ojos ya que en el fondo estás siendo fiel a ti misma) pero eso, al contrario de lo que puede parecer, es un filtro muy útil para quedarte con lo que y con quién merezca realmente la pena.

Si te resulta muy difícil cambiar eso de repente y no sabes cómo empezar, hazlo con cosas básicas como expresar tu opinión con gente de confianza cuando antes no lo hacías, o declinar invitaciones cuando no te apetezcan sin dar mil y una excusas que son mentira.

Con esto no solamente ganarás en confianza en ti misma, si no que perderás progresivamente ese miedo al rechazo que parece que nos venga instalado de serie. Como siempre, hay que ser muy valiente para admitir cuándo estamos actuando así y mucho más para empezar a ponerle remedio, pero yo, no solamente te lo aconsejo, si no que te lo pido encarecidamente:por favor, hazlo.


Seguro que todo esto te suena...¿en qué momentos dejas de ser tú misma? ¿en qué situaciones te ves reflejada? Compártelo en los comentarios. :) 





4 comentarios:

  1. Cada semana que te leo me gusta igual o más que la anterior. Parece que es un articulo escrito especialmente para mí, me siento totalmente reflejada. Creo que tengo mucho que corregir y voy a empezar por ejemplo a saber decir que no cuando me propongan algo que no me apetezca y no tenga obligación de aceptar. No se si me explico. Escribir no es lo mio. Cuando aprenda con esta situación y la domine intentaré otra, y otra, y otra .... Quiero ganar confianza en mi misma.

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    1. Claro...poquito a poco. Todos pecamos de eso porque a veces aceptamos hacer ciertas cosas por educación, porque es lo correcto o por muchos otros motivos, pero como cualquier otra cosa, es el exceso lo que no es bueno, porque es el que te acaba convirtiendo en "esclava de otros", hay que identificar qué momentos son esos... Mucho ánimo que puedes y seguro que poco a poco vas sintiéndote más libre. :-)

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  2. Sencillamente magistral!
    Martha

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    1. Muchas gracias Martha! Me alegro infinito de que te haya gustado :)

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