5 trucos para planificarte mejor



Convives con un "chip" interior que se dedica a gestionar tus expectativas, analiza todo lo que te rodea, y que te da instrucciones para que pongas a alguien o algo en un pedestal o por el contrario, para que le pongas una cruz de esas que no hay Dios que quite. ¿Cómo saca esas conclusiones? Comparando palabras con hechos

Situación1#Has quedado con un amig@ y en el último momento, te dice que no puede. Reorganizáis la cita para la semana siguiente y cuando llega el momento, tampoco puede. ¿Cuál es tu reacción? ¿Qué sientes?

Situación2#Te prometen algo urgente para el lunes, y el jueves siguiente todavía no lo han entregado. Te pones en contacto con el responsable y te dice que está en ello y que ese mismo día lo tendrás. Eso nunca sucede. ¿Cuál es tu reacción? ¿Qué sientes?

Si bien primero seguramente evalúes si es un caso aislado o ya es un patrón que se repite, seguramente el resultado es que la otra persona haya disminuido su credibilidad y se te hayan quitado un poco las ganas de volverle a llamar, a contratar o a confiar en él.

En estos ejemplos puedes entender perfectamente lo que ocurre cuando lo que se hace es diferente a lo que se dice. Si es una vez, es una excepción, el peligro es cuando se convierte en regla.

Cuando “te lo hacen” terceras personas está claro lo que pasa (y por si no lo está, ahí he dejado las preguntas para que te lo plantees :) )Pero…¿y cuando se trata de ti?

Situación1# Te levantas por la mañana y te planificas el día: vas a levantarte, vestir a tu hij@, irte a la compra, llamar a tu madre, preparar comida para toda la semana, sacar al perro, hacer pasteles, arreglar los papeles del banco y como sabes que tienes que hacer algo para ti (y si no, deberías), te reservas una horita para ir al gimnasio. El día acaba y con suerte has hecho la comida de hoy sin tirar de latas y tu madre ha sido la que te ha llamado a ti. Estás exhausta, tu chip se activa y te sientes un fracaso porque no has sido capaz de hacer lo que tenías planificado, y lloras como una descosida porque no puedes con todo.

Situación2# Llegas a la conclusión de que esos kilos de sobra te están pesando mas en la cabeza que en el cuerpo. Decides (¡bien!) ponerle remedio y haces eso que muchas veces se transforma en tirar el dinero: apuntarte al gimnasio. Te sientes muy orgullosa porque has dado el paso, pero pasan dos semanas y no has ido. Sientes que no tienes tiempo y que no eres capaz de conseguir eso que tanto deseas.

¿Qué tienen en común ambas situaciones? Que de lo que te dices, a lo que haces, hay un trecho, y el resultado es casi el mismo que si te lo hiciera otra persona, pero con un matiz muy muy sutil, y es que no es tan evidente, y es aquí donde radica el mayor peligro. No te das cuenta de que siendo incoherente con lo que dices y lo que haces de forma constante te estás convirtiendo en protagonista de un autosabotaje, puedes llegar a asumir que eres un desastre, que no tienes remedio o que nunca podrás perder esos kilos. STOP. REWIND.

¿Cómo crees que en los casos iniciales la situación hubiera sido diferente? Supongo que si tu amigo aparece al menos la segunda vez o si ese profesional entrega lo que promete a tiempo o, al menos, se comunica contigo para disculparse por el retraso y darte una explicación. En definitiva, si hay un equilibrio entre lo que esperas y lo que sucede

¿Como puedes ajustar tus palabras a los resultados esperados? Aquí van unos trucos:

1. Ajústate a la realidad: si te exiges una lista de 1000 cosas diarias, eso no son propósitos, ni intenciones, es munición para el sentimiento de frustración te chupará la energía que realmente necesitas. Más vale menos, pero hecho.

2. Prioriza: mira que le tengo poco cariño a esta palabra, pero es muy sabia. Lo mejor para ti es que te pares a pensar que es más importante (recuerda que urgente no es lo mismo que importante). Por ejemplo, a lo mejor le tienes que buscar colegio al niño y tienes que planchar una pila de ropa. Posiblemente la pila de ropa vaya siempre a tu nº1 de cosas para hacer, hasta el día que te das cuenta de que se te ha pasado el plazo y entonces te sientes la peor madre del mundo.

3. Reajusta lo que sea necesario: no siempre podrás hacer lo que has planeado, pero si bien es importante para ser más eficiente, no debe convertirse en un arma de doble filo donde si no haces las cosas tal y como las habías previsto, te fustigues con una vara. No. Busca la forma de reordenar esas cosas de nuevo y sin castigarte

4. Tacha de la lista: OBLIGATORIO. Uno de los mayores placeres femeninos (del que te privas cuando no planificas) es el de tachar lo que haces. Es importante sobretodo porque provoca el efecto contrario al de frustración: el de logro. Sí, has avanzado, pensabas que no, pero lo has hecho. Sí, haces un montón de cosas, no todas las que te gustarían, pero muchas. Sí, puedes bailar y dar saltos si un día haces pleno. Sí, ¡celebra!, que tu mente te escucha.

5. Sé flexible: especialmente cuando tienes un bebé o niños, la dificultad para planificar se multiplica, así que no te tires de los pelos si tienes que cambiar de planes cien veces y adaptarte a situaciones inesperadas, simplemente acostúmbrate a ordenar las tareas por la importancia que tengan y repítete que es parte de las reglas del juego

Pues eso, si no estas acostumbrada quizá te resulte duro al principio, pero he visto muchos casos en los que pesaba demasiado la lista de cosas pendientes en la cabeza, y sin embargo, cuando se ha vomitado en papel, planificado y se han seguido los pasos anteriores, todo se convierte en más factible y satisfactorio para ti, pasando de sentirte miserable e impotente a en control y orgullosa. Ya sabes, las palabras se las lleva el viento y de intenciones está lleno el mundo. :) 


Y tu, ¿en qué lado estás: planificas y te frustras o vas sin prisa pero sin pausa? 




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