3 Trucos para combatir la tristeza




Alegría, alegría, ¿por qué me has abandonado? A veces la tristeza en el proceso de maternidad (como en la vida misma) aparece cuando menos te lo esperas y sin venir a cuento de nada, y te sientes como si tu cabeza fuera una montaña rusa de emociones. Tu mejor amigo ese día, un pañuelo.

Llevas unos días muy contenta, que te comes el mundo a bocados, que te encuentras con energía físicamente, todo sale rodado y pocas cosas te quitan el buen humor. Tu renacuajillo no da mucha lata o, si la da, la toleras muy bien, y de repente, te levantas una mañana y parece que esa misma noche te hayan metido un orfidal en vena y te encuentras apática, sin ganas de nada, melancólica…vamos, lo que viene a ser tristona.


Y entonces, a veces para colmo te enfadas, porque claro, quieres estar contenta y bien y sin embargo, te sientes como un zombie desganado… Pues bueno, no se trata de acabar con tu lado más humano y emocional si no más bien todo lo contrario. Me he encontrado muchas mujeres que después de haber notado muchos cambios a mejor, de repente tienen un día o una semana mala y vuelven en la siguiente sesión cabizbajas y con cierto sentimiento de culpa: ‘ lo siento, he fallado, he estado triste’, como quién se come una tarta de chocolate estando a dieta…

Asdkj;sdlkjlasdjksdcjkascs (sí, he puesto esto a propósito) a ver, a ver, se trata de reconocer que puedes tener un mal día y aceptarlo, y no al revés. No se trata de ser superwoman 24x7 siempre divina y estupenda y dando palmas de alegría. Así que allá que voy:

1. Acepta y no dramatices

Por mucho intentes lo contrario, tendrás días malos: pero no pasa nada, lo importante es que no hagas esa peligrosa conversión a la que tanto tendemos que es la de transformar el tener por el ser, y me explico. Tienes un día malo, te has despertado dolorida, el bebé no te deja en paz, solamente quieres tumbarte en el sofá y descansar y no puedes, pero eso no significa que seas una triste, ni que lo vayas a ser para siempre. Aquí tu cabecita puede reaccionar de muchas maneras, lo importante es que no caigas en la generalización dramática y victimista estilo ‘esto es una mierda’ o ‘esto no es como yo me lo había imaginado’, porque ese es solamente el principio de una cadena de pensamientos negativos para darte toda la razón, porque los pensamientos son muy ‘pelotas’ y si tú le dices a tu cabeza que estás mal, enseguida va a presentarte mil y un motivos para que te reafirmes en esa creencia. No falla.

Tampoco es cuestión de decir, ‘es maravilloso sentirse como un trapo’, porque no es cierto. Lo más sano es que respires y aceptes que bueno, tienes un día malo, y que no pasa nada, ya vendrán otros mejores. SIN MÁS. Si no dramatizas demasiado, la amargura desaparecerá muuucho más rápido. :)

2. Reconoce lo bueno

De la misma forma que tienes días malos y te das cuenta, y te horrorizas, y los recuerdas mucho más intensamente que cualquier otro día, ¿qué tal si haces lo opuesto: reconocer los días o momentos buenos?. Igual que quizá te lamentas más de la cuenta cuando estás de bajón, si haces un esfuerzo al final de un día en el que hayas disfrutado de algo en especial o te hayas sorprendido derrochando amor, de recordárselo a tu cabecita, de grabarlo bien para luego recordarlo mejor y  ¡que te haga la pelota también! Y te diga: oh sí, es verdad, mira que bien ha salido esto, y lo otro…la ayudarás a que luego el balance sea más positivo cuando vengan vacas flacas mentales.

3. Apágate :) 

Ya sabes, ya lo has entendido, el secreto está en que te pongas en modo OFF cuando tengas un día malo, date el día libre de “comeduras de cabeza” hasta que te sientas mejor. Tan simple (y complicado a la vez) como eso. 


Y tú, ¿qué haces en tus días de bajón? ¿cuáles son tus secretos para remontar? ¿eres de las que se consuela con 2kg de helado o intentas no darle importancia y esperar al día siguiente? Comparte tus experiencias en los comentarios que seguro que entre todas nos ayudaremos más y mejor. 







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